
Hay días que parecen una confabulación del universo para que todo salga mal, pésimo día en el trabajo, en casa, con los amigos. Pero hay otros en los que pasa exactamente lo contrario.
Ya son seis meses desde que llegamos a la ciudad, estamos más asentados, tenemos algunos nuevos buenos amigos y algunos proyectos que, aunque aun no están en movimiento, por lo menos están en la cabeza.
Hay menos tensión y mayor tranquilidad, sonreímos más y tratamos de disfrutar de las pequeñas cosas. No podemos hacer mucho porque los ingresos son pocos, pero nos arreglamos perfectamente. Empezar de cero no es nada fácil.
Me intrigan los próximos seis meses. ¿Serán iguales? ¿Habrá mejoría? Ya no me desespero al pensar en el futuro, voy viviendo cada día sin mirar más allá. Obvio que hay planes y demás, pero ya no está la angustia de llegar o no. Quizá porque en el fondo sé que sí llegaremos, que todo lo bueno tarda pero llega, que hay mucho que aprender primero para que cuando sea el momento todo sea más fácil y podamos disfrutarlo al máximo.
Hay noches oscuras, pero aun así intentamos ver las estrellas. Hay gente hermosa en esta ciudad y tratamos de aferrarnos a ese grupo de personas maravillosas. Damos gracias por la oportunidad de vivir esta locura que todavía a muchos desconcierta. Es increíble la cantidad de gente que intenta "entender" qué hacemos acá, pobres y lejos de "todo". Es muy sencillo, no hay una lógica que explique todo esto, simplemente ES.
La felicidad está en las pequeñas maravillas, en una mariposa que no tiene temor a posarse en tu mano, en un halcón gritando en el cielo, en un río cantarín, en estrellas brillantes y mágicas, en la sonrisa del bodeguero de la esquina y la casera del mercado, en la risa fácil de los amigos entrañables, de las llamadas a casa, las tardes en una banca de la plaza o las mañanas en lo alto de una montaña que costó mucho escalar, en un helado de menta con chocolate y unas papas fritas, en poder ir al trabajo en jeans y llegar a casa a comer canchita con queso, en dibujar caritas a los huevos recién comprados y soñar con lo que vendrá, en hacer flores de papel para la ventana del baño y aretes en macramé que a todos les gusta, en ayudar a quien está necesitando y poner una sonrisa en la cara de un amigo decaído, en las campanas de las iglesias y hasta en el pito del tren que nos despierta cada madrugada, en los experimentos culinarios y el pisco sour con los amigos y familia que vienen de visita, en ver fotos viejas y recordar, en recibir mails de los que están lejos y que te engrían con una deliciosa chicha morada, en un pollito a la brasa con el amor de tu vida y una caminata a un templo Inca, en el reencuentro y la satisfacción de saberse querido aunque sea a la distancia, de un juego de cartas con trampitas incluídas y una mantita en una noche fría, en una ducha con agua caliente y una película, en las fotos que son recuerdo para todos y que te renueven el contrato de alquiler sin subirte el importe, en poder escribir estas líneas aunque nadie las lea.

4 comentarios:
... eres única Melissa, toda una espectro patronum con pensamiento feliz incluido... màs felicidades, siempre!!!
Jajajaja, ay Oscarito, poeta hasta para comentar en este humilde blog, jaja
Todo evoluciona!!! Y me encanta que te sientas bien, prima
Melissa Gold! estaba acamodando unas fotos de hace ya varios años y me acorde de ti. asi que google-eh! tu nombre y salio tu blog! y de alli tus blogs! Que me parecen por decirlo menos geniales.
Bueno un abrazo fuerte a la distancia Melissa, y si alguna vez vuelves a revelar en un cuarto oscuro, acuerdate de esas sesiones de revelado entre nitrato de plata y seudos karaoke, jajajaja!
Martin Mora Gastiaburu.
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